
Yendo directamente al grano y hablando en plata: El gran drama con Lamb of God es lo similares que suenan cada uno de sus discos, algo que, por cierto, le ocurre a gran parte de las bandas de groove metal. Por lo mismo desde hace un largo rato que cada nuevo disco de los estadounidenses parece ser un mero calco de aquella fórmula que vienen repitiendo desde hace casi treinta años, donde todo se limita a verificar que tan inspirados han estado esta vez. Algo positivo eso si con los de Randy Blythe es que los tipos se toman tiempo entre cada lanzamiento; de hecho, cuatro años han transcurrido desde el plano Omens (2022) lo cual seguro ha ayudado a que este Into oblivion deje un buen sabor, se sienta fresco y rebosante en energía, al punto de parecer lo mejor que han grabado en al menos una década.








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